domingo, 23 de febrero de 2014


Algunas veces como hoy, 
espero a la luna en la ventana
para contarle historias y secretos del alma. 

Con los ojos tristes 
y la memoria almidonada;
intento descifrar el futuro 
entre cicatrices no sanadas. 

Las tardes son irremediablemente rojas,
aunque algunas son grises y otras lluviosas.
Siento que la vida se escapa de a poco
en cada ocaso que se marcha. 

Y me pregunto: en que momento
me olvidé de vivir para empezar a morir,
alimentando de recuerdos cada parte de mi ser. 

Cuanto amé, 
cuanto lloré ausencias, 
cuanto aire ajeno.
Cuantas soledades entre sábanas frías. 
Apenas sobreviven vestigios de un alma adolorida. 

Dejo los recuerdos y, 
veo asomarse la luna entre la copa de un árbol, 
como flor amarilla con sus mejillas sonrosadas; 
esta noche luce especialmente hermosa, 
ha valido la pena esperarla. 

Así quisiera verte llegar, como un sol al alba,
como primera lluvia en sequía, como hoja en la rama;
para dejar de hacerle el amor a mis recuerdos. 

Se parece un poco a mí, la luna solitaria. 

Mañana, si el sol lo permite volveré 
de nuevo a esperarla frente a la ventana,
para contarle historias y secretos del alma. 

Aunque ella las conoce, todas de memoria. 

Alicia Rivas.

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